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ECOS CREA, CONSTELACIÓN LUZ Y VIDA

El proceso ECOS en el Hogar San José Luz y Vida comenzó con una pregunta fundamental: ¿cómo construir un espacio de creación donde cada participante pudiera expresarse desde su propia forma de habitar el mundo? Más allá de enfocarse en un público específico, el propósito fue generar experiencias artísticas que favorecieran el encuentro, la escucha y el reconocimiento mutuo.

Las artistas formadoras Ximena López González (teatro) y Yudy Alexandra Elezme (danza) diseñaron una ruta de exploración basada en las artes plásticas. En ella, el color, las texturas, las sensaciones y la escucha consciente se convirtieron en los lenguajes principales. Cada actividad partió del respeto absoluto por las decisiones de los participantes; de hecho, elegir los colores con los que deseaban trabajar fue el primer acto de autonomía y expresión.

Posteriormente, se dio paso a las experiencias sensoriales. Sentir la textura y el olor de la pintura en las manos, y tener la libertad de decidir si querían o no ensuciarse, convirtió cada reacción en una forma válida de comunicar emociones e intereses. Actividades como el rasgado de papel y la elaboración de collages ampliaron esta exploración. Manipular diversos materiales y combinar colores no solo fortaleció la percepción sensorial, sino que fomentó la atención en el momento presente. Aunque el pensamiento abstracto de cada participante no siempre se pueda conocer con certeza, sus miradas, gestos e interacciones con la materia revelaron la emoción y el disfrute del proceso creativo.

Uno de los hitos más significativos fue la creación colectiva de dos pinturas. Durante esta experiencia, varios participantes manifestaron un especial interés por la bandera de Colombia. Con gran dedicación, plasmaron cada pincelada cuidando los colores y respetando el espacio del otro. Más que un ejercicio plástico, fue un acto de colaboración y construcción conjunta.

El recorrido culminó con una instalación artística que reunió todas las obras del proceso. Esta exposición hizo visible que cada creación contenía una voz propia y que, al unirse, conformaban un gran relato colectivo. Aquí, el proceso ECOS adquirió su significado más profundo: transformarse en un espacio donde las diferencias enriquecen, y donde el arte hace posible escuchar lo que no necesita palabras. Más que una muestra, esta experiencia reafirmó que el arte es un lenguaje de encuentro capaz de tejer vínculos y reconocer la singularidad; una demostración de que, cuando todas las voces encuentran su lugar, el colectivo brilla con la fuerza de una constelación.

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