🎸🎼Permanecer, Crecer y Aprender🎸🎼
Por: Daniel Riaño
Kerani y Keerthi Fonseca García: crecer, tocar y aprender a encontrar un camino propio en el Crea Castilla
—¿Y pues ya para qué veníamos?
La frase aparece en medio de la conversación casi sin anunciarse. No tiene la solemnidad de una conclusión ni pretende resumir varios años de historia. Pero quizá por eso resulta tan contundente. Kerani y Keerthi Fonseca García son hermanas gemelas y llevan buena parte de su infancia y adolescencia vinculadas al Crea Castilla. Han visto pasar artistas formadores, compañeros, canciones, presentaciones, formas de trabajar y hasta maneras diferentes de acceder a los instrumentos. Han aprendido a tocar, a escuchar a otros, a presentarse ante un público y también a reconocer cuándo sienten que un proceso deja de avanzar.
Permanecer no significa simplemente quedarse, también significa crecer dentro de un lugar hasta comenzar a mirarlo de otra manera. Durante algunos años Kerani y Keerthi vivieron junto a su familia en República Dominicana. Regresaron al país hacia finales de 2018 al instalarse cerca de su abuela, apareció una posibilidad que hasta ese momento no hacía parte de sus vidas.

Fue su abuela quien les habló a sus padres sobre aquel espacio donde niños, niñas y jóvenes podían acceder a diferentes procesos artísticos. Sus padres decidieron inscribirlas, primero fue teatro, la experiencia duró poco, después apareció la guitarra y ahí ocurrió algo distinto.
Durante dos años comenzaron a acercarse al instrumento hasta que llegó el profesor Samuel Pérez, para entonces ya tenían algunas herramientas y pudieron pasar de las clases iniciales de guitarra a un ensamble, llego la fusión y el rock y desde ese entonces:
“Nos enamoramos de la música, nos quedamos con la música”.
Al cumplir catorce años, sus padres les regalaron su propios intrumentos, guitarra y bajo, ahora la música viajaba de la casa al crea, más tiempo de practica, mas retos, descubrir nuevos acordes y armonias de acuerdo con sus propios gustos musicales.
Poco a poco el Crea Castilla, dejó de ser simplemente el lugar donde sus padres las habían inscrito y empezó a convertirse en un espacio propio, con Samuel recuerdan haber avanzado bastante. También recuerdan una forma de construir el repertorio que hoy aparece en la conversación casi como una pequeña memoria de participación: las canciones se proponían, se escribían en el tablero y se votaban.
Si una canción conseguía suficientes votos, entraba, si no, había que esperar otra oportunidad; puede parecer una decisión sencilla, pero allí había algo más: cada integrante podía proponer parte de lo que quería tocar.Con el tiempo llegaron también los escenarios, con ellos apareció una sensación diferente, la emoción del primer toque, fuera del Crea
Se arreglaron especialmente para aquel día. Estaban emocionadas. Había más gente de la que acostumbraban a ver en las presentaciones habituales y el ambiente se sentía diferente, como ellas mismas dicen,“la euforia de tu primer toque”.

“Ya nos sentíamos más importantes, ya que nos veía mucha más gente”.
Hay aprendizajes que ocurren en el salón, pero existen otros que solo aparecen cuando alguien se para frente a un público y aquello que ha ensayado durante semanas deja de pertenecerle únicamente al grupo, Kerani y Keerthi conocieron esa experiencia, que quizá sea la que les resuene aún y por ello no desiste de la música, pisaron con su guitarra y el bajo el escenario de la Media Torta, con sus frustraciones puesto que aquel día el tiempo fue tan estricto que terminaron su presentación sin alcanzar siquiera a despedirse.
Pero avanzar no siempre es sencillo, los años fueron pasando y ellas también fueron cambiando, al igual que los artistas formadores, recuerdan un momento especialmente complejo, hubo un periodo en el que prácticamente cada clase aparecía un artista formador diferente, cada cambio implicaba volver a reconocerse, explicar que estaban tocando, encontrar otra manera de trabajar, tener la sensación que el nivel que habían alcanzado comenzó a frenarse.
Para Kerani y Keerthi, la sensación se hace más fuerte cuando los grupos se renuevan, quienes toman por primera vez un instrumento y llegan a un ensamble en el que otros llevan cuatro, cinco o más años construyendo un proceso, genera un volver a retomar, volver sobre los acordes, explicar notas, tiempos, silencios, esperar y acoplar un nuevo grupo, por eso para quienes llevan más tiempo tiempo pueden comenzar a sentir que permanecen en el mismo lugar.

Ellas lo explican sin demasiados rodeos: “cuando llegaron muchos participantes nuevos, buena parte del proceso comenzó a concentrarse en ellos. Quienes llevaban más tiempo tocaban el repertorio que ya conocían, una vez y otra vez, hasta que comenzó a volverse monótono”
Sin embargo, Kerani y Keerthi, siguen constantes, cada sesión sigue formando una parte fundamental de su trayectoria, aunque en el momento no lo parezca, después de tantos años, ya no pueden relacionarse con el Crea de la misma manera en que lo hicieron cuando llegaron, han sido testigos de los cambios en estos años de historia, recuerdan cuando acceder a los instrumentos era más sencillo y también han vivido la llegada de nuevos protocolos de seguridad, registros y procedimientos para el manejo de los equipos.
Entienden que existen razones para cuidar una dotación pública, pero también saben cuánto puede significar perder minutos de una clase esperando que un instrumento llegue al salón, han conocido diferentes maneras de enseñar, a aprendido a tener paciencia cada vez que un proceso se debe reconstruir, pero su experiencia les permite pensar preguntas, como: ¿qué ocurriría si existieran procesos diferenciados para quienes están comenzando y quienes llevan varios años?
Ellas imaginan niveles, una banda para principiantes, otra para participantes con mayor experiencia y la posibilidad de avanzar entre una y otra a medida que el propio proceso lo permita, también imaginan poder salir y presentarse en otros escenarios, aprender con públicos desconocidos, resolver esos acontecimientos que solo se viven en escena.
Saben que el Crea ha sido un bonito espacio de aprendizaje, tienen claro que lo más dentro de los aprendizajes más relevantes que llevan con ellas es:
“Aprender a escuchar a los demás, formar equipos… obviamente no somos solo las dos contra el mundo”.
Pero también ha aprendido que deben buscar más, por ello han participado de otros procesos de formación, participaron en un curso de rock y metal fuera del Crea, con una intensidad de varias horas semanales algo muy intensivo.
La idea de tener una banda propia, está ahí, les gustaría tocar con su hermano mayor que toca la batería, también juntarse con otras personas que tengan sus mismos intereses musicales tener una banda propia, en este momento siente que la música es parte esencial de sus vidas incluso esta la posibilidad de estudiarla como profesión cuando se gradúe del colegio, todo depende de ellas.
Por lo pronto siguen llegando al Crea con la guitarra y el bajo, siguen ensayando, buscando canciones, aprendiendo por su cuenta y encontrándose con otros para hacerlas sonar. Ya no son las niñas que llegaron porque su abuela les habló de un lugar cercano donde podían aprender arte. Los años han hecho que el Crea Castilla sea parte de su historia: acá aprendieron acordes y canciones, pero también conocieron escenarios, frustraciones, esperas, amistades, desacuerdos y esa extraña persistencia que exige aprender a hacer música con otros.
¡Se enamoraron de la música y se quedaron con la música.!
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