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🪉🎤🪇Entre cuatros, golpes y palabras: aprender la música llanera también es compartir sus historias🪉🎤🪇

🔥El grupo de formación en instrumento cuatro de Crea Castilla compartió una jornada en la que interpretar, escuchar y conversar permitieron acercarse a la música llanera más allá de sus sonidos.🔥

El pasado 26 de agosto, el grupo de formación en instrumento cuatro que acompaña nuestro artista formador Cristian Camilo Guataquira, mas conocido como “Chami” de Crea Castilla tuvo una jornada para compartir parte del proceso que viene construyendo alrededor de la música llanera. Sin embargo, el encuentro fue mucho más que una presentación de repertorio: se convirtió en un espacio para poner en común aprendizajes, reconocer lo avanzado y descubrir que detrás de cada golpe, instrumento y palabra existe también una historia que hace parte de una cultura.

Para las niñas y los niños que participan del proceso, estos encuentros representan la posibilidad de llevar lo aprendido durante las sesiones a otro escenario. Tocar frente a otras personas implica escucharse entre compañeros, estar atentos al ritmo colectivo, reconocer el momento de entrar, acompañar a quien interpreta y afrontar también las emociones que aparecen cuando aquello que se ha ensayado comienza a compartirse con otros.

En ese sentido, la presentación no fue entendida únicamente como un resultado. Fue también parte del proceso de formación.

Cuando tocar también significa comprender

Durante la jornada, Chami acompañó las interpretaciones explicando algunos de los elementos que hacen parte del folclor llanero. Antes y entre las intervenciones musicales aparecieron palabras, relatos y referencias que permitieron comprender de dónde vienen algunos de los ritmos que las y los participantes vienen aprendiendo.

Así, por ejemplo, al acercarse al pajarillo, no solamente se escuchó uno de los golpes tradicionales y de mayor velocidad del joropo, sino que también se habló de la relación de su nombre con las aves que habitan los Llanos colombianos y venezolanos. De manera similar, el golpe de guacharaca permitió reconocer otra de las formas tradicionales de esta música y escuchar cómo cambia su sonoridad cuando intervienen primero los cuatros, luego las bandolas y finalmente el conjunto de instrumentos.

También apareció el golpe de tres damas, una estructura rítmico-armónica que permitió incorporar la sonoridad de la bandola llanera y ampliar la experiencia instrumental del grupo.

Estas explicaciones hicieron que cada interpretación tuviera un contexto. El aprendizaje del instrumento dejó entonces de limitarse a la ubicación de los acordes o a la correcta ejecución de un ritmo para conectarse con preguntas sobre el origen de esas músicas, las formas en que han circulado y las comunidades que las han construido y transmitido.

Las palabras también hacen parte de la música

Otro momento de la jornada permitió acercarse al paisaje y al vocabulario propio de los Llanos a través del poema “Mi llano querido”. En él aparecieron referencias a animales como el güere güegre y el alcaraván, así como palabras tradicionales de la cultura llanera como caney o merey.

Detenerse en estos términos permitió que las niñas y los niños no solamente escucharan palabras desconocidas, sino que pudieran relacionarlas con formas de habitar un territorio, con su fauna, sus construcciones, sus árboles y sus costumbres.

De esta manera, la práctica artística abrió también un espacio de intercambio de saberes. El cuatro se convirtió en una puerta de entrada hacia otras formas de conocimiento: la oralidad, la memoria, el lenguaje y el territorio comenzaron a dialogar con aquello que sucede musicalmente.

Compartir también hace parte de aprender

En los procesos de formación artística existen aprendizajes que solamente aparecen cuando llega el momento de encontrarse con otros. Presentarse permite reconocer los avances propios, observar lo que hacen los compañeros, aprender a sostener colectivamente una interpretación y descubrir nuevas preguntas sobre aquello que se está tocando.

El Golpe de Gabán, permitio que todos estuvierna en escena, como estructura armónica, que a diferencia de este golpe, es compleja, lograr que los intereses coincidan entre las niñas y los niños, que apuesten por una escena en común es el merito del proceso de formación, y asi lko evidenciaron en este pequeño fragmento.

Por eso, generar espacios para que niñas y niños puedan compartir sus procesos resulta tan importante como las sesiones de formación mismas. No se trata únicamente de preparar una obra para mostrarla, sino de crear situaciones en las que puedan sentirse parte de un grupo, asumir responsabilidades dentro de una interpretación colectiva y reconocer que aquello que aprenden puede ser escuchado y valorado por otras personas.

La jornada del grupo de cuatro de Crea Castilla mostró precisamente esa posibilidad: la música como un lugar para encontrarse, compartir conocimientos y comprender que detrás de cada sonido hay también palabras, territorios, memorias y formas de ver el mundo.

Porque aprender a tocar un instrumento también puede significar aprender a escuchar las historias que lo acompañan.

🪉🪇Desde el Crea Castilla, celebramos estos espacios, agradecemos la generosidad del grupo de Cuatro y celebramos el proceso que han venido construyendo. Los veremos pronto en escena.🪉🪇

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