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🕺🏽💃🏾🎤Cuando la vida sube a escena: recuerdos que se hicieron teatro en Almendros 🕺🏽💃🏾🎤

El pasado sábado 3 de octubre en el Salón Comunal del barrio Almendros, se realizó el cierre por esta vigencia de un grupo de la línea de Arte y Salud, en el área de Teatro, acompañado por nuestras artista formadora Daniela Poveda, este cierre del proceso formativo con una puesta en escena que se convirtió, ante todo, en un lugar para recordar.

No fueron historias lejanas ni personajes construidos únicamente desde la ficción. En los diferentes momentos de la obra aparecieron cocinas familiares, caminos del campo, oficios aprendidos desde muy temprano, juegos entre hermanos, deseos que parecían aplazados y recuerdos que, aunque pertenecen a otros momentos de la vida, continúan acompañando a quienes los vivieron.

👒Una cocina, un vestido, un sombrero

En uno de los relatos, el aroma del arroz preparado en un viejo caldero devuelve a Laura a la cocina de su infancia. Allí, compartir con sus hermanos la pega que quedaba en el fondo de la olla hacía parte de esas pequeñas alegrías familiares. Más adelante, aquella relación con la cocina se convirtió también en oficio y terminó conduciéndola a abrir su propio restaurante.

En otra historia, unas simples hojas de periódico se transforman en vestidos. Rosaura recuerda cómo, siendo niña, doblaba el papel, hacía pliegues e inventaba diseños para su hermana menor. Lo que parecía solamente un juego terminó revelando una pasión por la costura y el diseño que había comenzado muchos años atrás.

También aparece Ana, una niña que creció en el campo entre labores cotidianas y largos recorridos para llegar a la escuela. El sombrero que su madre insistía en ponerle para protegerla del sol termina convertido en una imagen capaz de reunir infancia, territorio, estudio y los cambios que después vendrían con su llegada a la ciudad.

Los objetos cotidianos dejaron entonces de ser solamente utilería. Una olla, un sombrero, unas hojas de periódico o una taza de café podían abrir la puerta a una historia completa.

Los recuerdos también tienen olor 🍋

Los sentidos guardados desde la memoria de la infancia, tuvieron su espacio en la escena.Una cocina de barro, el tinto recién hecho, las arepas sobre el fogón y los plátanos asándose aparecen en otro de los relatos como una manera de regresar a la casa familiar. Con los años, aquello que durante la infancia podía sentirse como una obligación —amasar y preparar las arepas— adquirió otro significado: se convirtió en recuerdo del cuidado y del tiempo que una madre dedicaba diariamente a su familia.

Todas guardan como sus más preciado tesoro su origen, algún lugar del campo, días duros, difíciles, tiempos que algunos no entenderan, que el teatro permitió recuperar en esos detalles que en parecen pequeños, pero alrededor de los cuales se organiza buena parte de nuestra memoria: un aroma, una comida compartida, una frase repetida por alguien de la familia o un lugar que ya no existe de la misma manera.

Ponerlos en escena fue también una forma de reconocer con aquellas experiencias cotidianas que permanecen en el cuerpo y en la memoria.

Volver a mirar la propia historia 🧱🧱

Los relatos también transitaron por experiencias difíciles. Una de las historias recuerda a una niña que tuvo que abandonar tempranamente su hogar y trabajar, llegando incluso a dormir junto al fogón de la cocina de una ladrillera. A través del tiempo, aquella experiencia es reconstruida no solamente desde la dificultad, sino desde el reconocimiento de la fuerza que fue descubriendo en sí misma y de las personas que en determinados momentos reconocieron su valor.

Otra participante llevó a escena el momento en que decidió retomar sus estudios después de haber dedicado buena parte de su vida al trabajo y a la crianza de sus hijos. El bachillerato nocturno, las tareas realizadas después de largas jornadas y finalmente el diploma aparecen como la materialización de una decisión: demostrar, también a sus hijos, que los sueños pueden retomarse en distintos momentos de la vida.

Aquí la práctica teatral adquirió otra dimensión. Actuar una historia propia implica también volver a mirarla, seleccionar aquello que se quiere contar, darle palabras, convertir recuerdos en acciones y permitir que otros los conozcan para convertirse en una experiencia compartida cuando encuentra una voz, un cuerpo y otros cuerpos dispuestos a escucharla y representarla.

Esta presentación marcó el cierre de un proceso de formación, pero las historias elegidas por sus participantes hicieron justamente el recorrido contrario: volvieron hacia atrás, regresaron a la infancia, a las familias, a los primeros trabajos, a las decisiones que cambiaron sus vidas y a personas que dejaron huella. Desde allí construyeron personajes, acciones y escenas para compartir con otros aquello que forma parte de quienes son hoy.

Por eso, el resultado de este proceso no puede medirse solamente por una presentación final. En el escenario también quedaron la confianza necesaria para contar una experiencia propia, la escucha para representar las historias de los demás y la posibilidad de descubrir que la memoria puede convertirse en material de creación.

Gracias a estas mujeres valientes por compartir sus hitorias, ya que en ellas tejieron el desarrollo de muchos de nuestros barrios y son parte de la memoria que recorre la ciudad. Esperamos pronto tenerles de regreso en nuestro Crea Castilla, para que sigan encontrandose y tejiendo nuevas historias.

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